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Aunque no se evidencia una mayor vulnerabilidad de las mujeres embarazadas frente a la COVID-19, es importante entender que la prevención del contagio y una actuación específica en el caso de gestantes con sospecha o positivo de Coronavirus, puede marcar la diferencia en la salud de la madre y el bebé.

El nuevo Coronavirus es el causante de la enfermedad viral COVID-19. Este padecimiento provoca una afección respiratoria e infecciosa, desconocida hasta diciembre de 2019, cuando se registró un brote en la ciudad de Wuhan, en China, y que debido a la rapidez de su expansión ha generado una pandemia sin precedentes en la historia moderna.

De acuerdo con las investigaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la propagación de la enfermedad se realiza por el contacto entre una persona contagiada con COVID-19 a otra persona, a través de las pequeñas gotas procedentes de la nariz o la boca que se despiden cuando la persona infectada tose o exhala.  Así también se producen contagios cuando estas gotículas caen sobre objetos y superficies que pueden ser tocados por individuos sanos que luego se tocan los ojos, la boca o la nariz.

Los estudios realizados hasta la actualidad apuntan a que el virus causante del COVID-19 se transmite principalmente por contacto con gotículas respiratorias, más que por el aire. Sin embargo la OMS continúa recogiendo evidencia sobre las formas de propagación del virus.

Según las actualizaciones diarias de la OMS a esta fecha la pandemia causada por COVID-19 ha ocasionado más de 1.5 millones de contagios y más de 90.000 muertes en 209 países.

De acuerdo con el Coronavirus Resource Center de la Johns Hopkins University, hasta el 3 de abril en América Latina se registraron 24.544  casos  positivos y 1.200  fallecimientos.  Tomando como una muestra, la situación del virus en Ecuador, sabemos que el 45% de la totalidad de personas contagiadas son mujeres y que la mayoría de casos, es decir el 60.88% se presentan en el rango de edad fértil entre los 15 a los 40 años.

No existen pruebas científicas que respalden una mayor vulnerabilidad al nuevo coronavirus entre las mujeres embarazadas y tampoco existen evidencias, hasta el momento, de que las mujeres gestantes presenten diferentes signos o síntomas o estén expuestas a mayor riesgo de enfermedad grave, que las mujeres no embarazadas.

De acuerdo con el Grupo de Trabajo Regional para la Reducción de la Mortalidad Materna (GTR) actualmente, no se cuenta con estadísticas respecto a la incidencia de la enfermedad en mujeres embarazadas, ni las consecuencias que estaría generando en la salud de las madres y sus bebés. Sin embargo, de acuerdo con las experiencias registradas en brotes de otras enfermedades, la mortalidad directa por una epidemia, así como la mortalidad indirecta por condiciones prevenibles y tratables como una vacuna u otros mecanismos, aumentan dramáticamente.

Por ejemplo, durante la epidemia del Ébola en 2009, el incremento de la mortalidad materna fue del 22%, tanto por las mujeres gestantes que se contagiaron de esta afección, como por aquellas que sufrieron complicaciones debido a la disminución de su acceso a las prestaciones de salud ante la saturación de los servicios sanitarios, pero también por la duda de parte de las embarazadas sobre los posibles riesgos de acudir a sus revisiones obstétricas, ante la posibilidad de contagio.

Las nuevas pautas establecidas por la OMS (Clinical management of severe acute respiratory infection when COVID-19 is suspected) indican que: “no existe evidencia alguna de que las mujeres embarazadas presenten síntomas distintos a los conocidos o se enfrenten a un riesgo mayor de sufrir una enfermedad grave. Hasta ahora, no se han producido transmisiones materno infantiles cuando la infección se manifiesta en el tercer trimestre del embarazo (…).

Sin embargo, el Organismo ha emitido una serie de recomendaciones para actuar específicamente en los casos de mujeres embarazadas, que tengan la sospecha o la confirmación de haber contraído Covid-19. Las puedes revisar, a continuación.

Cómo actuar en el caso de sospecha o confirmación de Coronavirus en mujeres embarazadas y en recién nacidos ¿Se recomienda la lactancia?

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En días pasados la OMS estableció las directrices para tratar a las mujeres embarazadas, en labor de parto y a sus recién nacidos, que hayan sido diagnosticados con COVID-19 o se consideren como casos sospechosos.

Con las conclusiones de los estudios al líquido amniótico, sangre de cordón umbilical, secreción vaginal, hisopados de garganta neonatal o leche materna, no hay evidencia sobre la transmisión de madre a hijo en mujeres con infección durante el tercer trimestre de gestación, del mismo modo no se encuentran mayores pruebas para afirmar que existan resultados graves en mujeres gestantes o en recién nacidos.

Sin embargo, los diferentes organismos han establecido estos lineamientos que permitirán actuar de forma específica con las mujeres embarazadas y sus bebés, a fin de prevenir cualquier complicación. Se reitera  que todas las mujeres embarazadas, incluyendo aquellas con confirmación en aislamiento o sospecha de infección por COVID-19, inclusive las que deban mantener condiciones de cuarentena, tienen el derecho a cuidados de calidad antes, durante y después del parto. Esto incluye cuidados prenatales, del recién nacido, postnatales, prevención de violencia y atención a la salud mental.

En el caso de considerarse la sospecha de contagio de COVID-19, todas las gestantes deben ser cuidadosamente monitoreadas, sin perder sus controles gestacionales. Pero deberán tomarse medidas de precaución para no contagiar al personal médico que la atenderá, informando telefónicamente y de forma previa sobre su condición y en el momento del control, con las medidas de distanciamiento social con las demás personas que puedan encontrarse en el lugar de la consulta.

El documento de trabajo “Recomendaciones para el cuidado integral de mujeres embarazadas y recién nacidos” emitido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) establece que, si la mujer embarazada es portadora del Coronavirus se deberán posponer las visitas de rutina hasta que termine el período de aislamiento. En estos casos y de disponer de los medios, se podrán efectuar consultas prenatales telefónicas o por Internet. Los profesionales de la salud deberán definir las herramientas  para que en el caso de que las mujeres gestantes presenten signos de alarma, puedan identificarlos, reconocerlos y reportarlos y de ser necesario, ellas puedan ser transportadas hacia los servicios de salud con el fin de que se les brinde la atención necesaria.

Al presentarse el parte se recomienda que la mujer comunique su cuadro positivo o la sospecha de COVID-19, a fin de permitir que el centro hospitalario se prepare para atenderla en un área exclusiva para evitar el contagio a los profesionales médicos y a los demás pacientes. En el caso de ir acompañada por su pareja o algún familiar,  “se requiere que la persona de apoyo debe estar asintomática, no pertenecer al grupo de riesgo de morbilidad de la enfermedad, debe estar sin antecedentes de contacto cercano o convivencia con personas sospechosas o diagnosticadas con COVID-19”, señala esta guía de la OPS.

Se recomienda el parto natural y la presencia de un equipo conformado por varios especialistas, como obstetras, neonatólogos y expertos en cuidados intensivos a las mujeres y recién nacidos con sospecha o confirmación de infección por COVID-19.   La OMS recomienda practicar cesáreas únicamente en casos justificados.

Tras el nacimiento se debe aplicar el test al recién nacido para comprobar su estado de salud y tanto el bebé, como la madre con sospecha o positivo deben mantenerse en una zona aislada dentro del centro médico.

Para proceder al alta hospitalaria, el protocolo establece que en el caso de los recién nacidos o madres con resultados de las pruebas pendientes o que dan negativo para COVID-19, los cuidadores deben tomar medidas para reducir el riesgo de transmisión al lactante, incluido el seguimiento. El descarte de sospecha solo se podría dar con dos test negativos para COVID-19, separados por 24 horas. En el caso de no disponer de test podrá requerir un período de aislamiento que podría llegar al mes, luego de desaparecidos los síntomas.

Una de las recomendaciones en las que insiste la OMS es brindar la información adecuada a la mujer con COVID-19 (o con sospecha) para mantener la lactancia, con las condiciones apropiadas para evitar el contagio al bebé. Es decir debe lavarse las manos y los pechos antes de amamantar al recién nacido y colocarse una mascarilla, permanentemente de igual manera debe mantener limpias y desinfectadas las áreas y objetos que toque o manipule.

La lactancia materna protege contra la morbilidad y la muerte en el período neonatal y durante la infancia. El efecto protector es particularmente fuerte contra las enfermedades infecciosas que se previenen mediante la transferencia directa de anticuerpos, de ahí su importancia durante esta crisis sanitaria.

Fuentes:

Clinical management of severe acute respiratory infection when COVID-19 is suspected, WHO/2019-nCoV/clinical/2020.4,

Recomendaciones para el cuidado integral de mujeres embarazadas y recién nacidos

Enfermedad por coronavirus (covid-19) y vih: datos y acciones clave

Recomendaciones de la asociación andaluza de sobre el manejo de la lactancia materna en pandemia coronavirus

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