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El obstetra John Arias, monitor de Fundación de Waal Ecuador, explica las medidas a seguir durante este proceso y contesta las principales inquietudes que se presentan.

El momento del parto es crucial en la vida de la pareja y del bebé que está por nacer. Aspecto que adquiere una mayor relevancia durante las actuales condiciones sanitarias mundiales, debido a la pandemia del COVID-19. ¿Existe un mayor riesgo de contagio para las mujeres embarazadas? ¿Sufren las futuras madres mayores complicaciones si contraen la enfermedad durante la gestación? ¿Cómo debe enfocarse un parto si la mujer está contagiada con este virus? En este artículo damos respuestas a varias de las dudas relacionadas con este tema.

Ciertamente el embarazo es un proceso fisiológico y esto también predispone a que las mujeres sean más susceptibles a cualquier tipo de infección, ya que al producir cambios en el cuerpo, estos, igualmente, se reflejan en el sistema inmunológico lo que ocasiona que puedan ser más propensas a adquirir cualquier tipo de enfermedad. No obstante la evidencia disponible hasta este momento ha determinado que las mujeres gestantes frente al COVID-19 no tienen mayor grado de afectación o un mayor riesgo de contraer esta enfermedad.

“Es más se ha comparado la incidencia de esta enfermedad, con pandemias similares que se registraron en zonas de Asia, como el síndrome agudo respiratorio severo (SARS) y el síndrome respiratorio de oriente medio (MERS, por sus siglas en inglés) y se ha determinado que con estas dos enfermedades, el grado de vulnerabilidad de las embarazadas y la mortalidad fueron mucho más altas, que con las que se presentan actualmente con el COVID-19”, señala el obstetra John Arias, monitor del Programa PreNatal en Ecuador.

Hay que tener muy en cuenta que si una mujer tiene una afectación previa o comorbilidad, por ejemplo hipertensión o diabetes, y se contagia de COVID-19, aumenta el riesgo de sufrir complicaciones. Tal como sucede con las mujeres no gestantes y el resto de la población, con alguna patología prexistente. 

Otro aspecto a considerar es que no representa el mismo riesgo, que una mujer se contagie del COVID-19, a principios del embarazo, que en el último trimestre. “Estudios que se han realizado en varios países determinan que las mujeres contagiadas y sintomáticas, durante el tercer trimestre de gestación, presentan mayor sintomatología o complicaciones,  que están cerca del parto”, explica el especialista.

Para el momento del parto, debemos considerar el hecho de que toda mujer o su pareja, deben contar con un plan de parto y plan de emergencia, identificando previamente en el establecimiento de salud seleccionado para llevar a cabo el parto y los profesionales que la atenderán. Independientemente de ser un caso positivo de COVID-19, el parto debe darse con todas las medidas de bioseguridad recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como el uso permanente de mascarilla, lavado frecuente de las manos, observando el distanciamiento en el centro hospitalario, tanto con las personas que la atenderán, como con el resto de pacientes y acompañantes que puedan encontrarse en la misma área.

“Sugerimos a las mujeres embarazadas que acudan al centro médico, cuando se encuentren en una franca labor de parto. Es decir con contracciones regulares e intensas, que permitan los cambios necesarios a nivel del cuello del útero, para que se produzca el nacimiento. Acudir al hospital o maternidad con demasiada anticipación incrementa el riesgo de exposición al virus”.

La OMS señala que le mujer puede y debe estar acompañada por la persona de su elección, desde que ingresa hasta que abandona el establecimiento de salud, “ya que los beneficios de estar acompañada durante el parto, son mayores que el riesgo de una infección. Por eso debe respetarse este derecho en el proceso de parto”, manifiesta el experto.

Igualmente, indica, que se debería tender a que  el mismo personal médico que recibe a la mujer al ingresar con el trabajo de parto, sea el que continúe con ella durante todo el proceso de alumbramiento, para minimizar la exposición del personal, de la paciente y del resto de personas que puedan estar en el centro hospitalario. Es fundamental que el equipo médico tenga todos los insumos de protección personal,  como la mascarilla, gafas, visor, equipo antifluidos y guantes, durante todo el transcurso de la labor de parto.Una recomendación que debería cumplirse de forma generalizada con las mujeres que ingresan a dar luz es la toma de muestras o test rápidos, que permitan extremar las medidas de bioseguridad en el caso de detectarse resultados positivos.

Además, es importante que en el contexto del COVID-19 se siga fomentando la disminución de

intervenciones innecesarias, como los tactos vaginales, amniotomías (ruptura artificial de las

membranas amnióticas) y episiotomías de rutina. Asimismo, se debe procurar disminuir las tasas de cesáreas, las cuales deben realizarse solo cuando médicamente se justifique. Además, el personal que atienda el parto o la cesárea de una usuaria con COVID-19 no debe atender a otras pacientes de manera simultánea, para evitar posibles contagios (SESAL, 2020).

Un aspecto a considerar, si el espacio del establecimiento de salud lo permite, es que la mujer embarazada realice su labor de parto, la atención del parto y su postparto, en el mismo lugar o habitación, siempre con esta idea de disminuir el riesgo exponencial de contagiarse o contagiar al resto de personas que podrían estar en la misma sala. “En el caso de que no sea posible realizar todas estas fases en el mismo espacio físico, se deben tomar las medidas de distanciamiento para que entre cada cama, de cada madre, se mantenga una separación de mínimo dos metros, que cuenten siempre con el cubrebocas y alcohol antibacterial, para que realicen la desinfección de toda superficie que toquen”.

Con el bebé en tus brazos, las medidas de precaución continúan

Una vez que se ha producido el parto, la recomendación es alojamiento conjunto de la madre y su bebé, independientemente, de estar o no contagiados con el coronavirus. La lactancia no debe suspenderse, “la evidencia que ha recogido la OMS determina que existen casos aislados de niños que al momento de nacer o unas horas después han dado positivo en las pruebas de control de la enfermedad. Y pese a los este resultados, el apego inmediato y la lactancia se deben mantener”, explica.

Todos los procesos y procedimientos relacionados con el tratamiento de un posible contagio, tanto de la madre como del bebé,  deben ser informados a la paciente y a su acompañante. En el caso de la lactancia, las madres tienen el derecho de conocer  los riesgos que podría enfrentar el pequeño al estar expuesto a un contacto directo con alguna persona contagiada, en este caso la mamá, “pero  también deben saber los beneficios que implican para los niños estar cerca de su madre, apenas se haya producido el nacimiento y de ser alimentado con la leche materna. Los beneficios demostrados superan los riesgos y si se toman los cuidados necesarios como el lavado de las manos, el aseo de la zona del pecho y si la mamá amamanta utilizando la mascarilla, se previene el contacto directo de gotículas de la madre hacia el bebé”.

Una forma de minimizar los riesgos de contagio a la madre y su recién nacido, consiste en limitar las visitas. La persona o personas cercanas que la mamá haya escogido para que la acompañen durante su proceso de parto y postparto inmediato deben ser las personas que deben mantenerse con ella. “Restringir las visitas de otros familiares al hospital o al hogar es importante, aún sin la existencia de una emergencia sanitaria como la que estamos viviendo. Todos los expertos que promulgan el parto respetado manifiestan que el recién nacido debe mantener el contacto con los microorganismos que son propios de la madre, principalmente. Al evitar el contacto con otras personas se da prioridad a que el niño sea colonizado por los microrganismos de su núcleo familiar más cercano y esto le permitirá generar más defensas, producidas por su propio cuerpo”, explica. Las visitas deben limitarse un mínimo de siete días, en general, para priorizar este proceso biológico.

Los recién nacidos con diagnóstico confirmado de COVID-19 deben ser hospitalizados cumpliendo las medidas de aislamiento de acuerdo con el cuadro clínico, que se observe. Según la Sociedad Española de Neonatología (SENEO), los recién nacidos asintomáticos pueden permanecer en alojamiento conjunto con la madre, mientras que los neonatos sintomáticos deben ser hospitalizados en el servicio de neonatología, por ser considerados como un grupo de riesgo debido a su sistema inmunológico inmaduro.

En general, los bebés recién nacidos pueden presentar cuadros asintomáticos o con una expresión leve de la enfermedad, pero existe la probabilidad de requerir cuidados intermedios o intensivos, dependiendo de su edad neonatal y comorbilidades.

Es muy importante tener claro que todos los conocimientos que se tienen sobre el SARS-CoV-2 se van construyendo a medida que avanzan las investigaciones y el ritmo de la enfermedad.  Por ello el embarazo, independientemente de la presencia de un virus de esta naturaleza, debe ser planificado por la pareja, con un mínimo de tres meses de anticipación, para determinar un estado de salud óptimo antes de procrear a su hijo.

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